Por: Armando Martí
Los
hijos son la prolongación de la vida, por eso debemos respetar su voluntad y
libertad de elegir lo que ellos consideran más apropiado, según el mandato
del corazón. Las historias que reposan en sus memorias evolutivas son más
antiguas que las nuestras, pues están diseñadas para corregir las disfunciones,
romper las cadenas intergeneracionales que existen en las familias y sanar a
los padres.
El
sentido de la vida y la misión que vienen a cumplir a este planeta, deben
descubrirlas por ellos mismos, de ahí que el desprendimiento emocional de la
sombra autoritaria del padre y la adversa sobreprotección de la madre, sea
el inicio del viaje interior hacia la madurez espiritual; como padres
biológicos lo intuimos, pero el deseo de control nos impide actuar y pensar con
honestidad y claridad.
Lo peor que se le puede hacer
a un hijo, es convertirlo en la proyección del ego malsano, implantando en su
mente la idea de una pugna con sus semejantes, para “alcanzar” el éxito económico y social,
pues el camino más confuso y doloroso, es el de la perfección. Recuerda que
humano significa imperfecto, con algunas opciones de desarrollar un sobrio y
tranquilo potencial personal. La naturaleza en general no necesita de ninguna
programación para crecer en armonía, por eso, dejar fluir es permitir sanar.
Una de las funciones principales de los padres, es apoyar las experiencias de
los hijos en sus ensayos y errores, sin decirles impositivamente lo que está
bien o mal. Para empezar reconoce que tú todavía no has descubierto quién
eres y lo qué en realidad quieres, y aun así pretendes demostrarle a tus hijos
que tú eres el ejemplo a seguir. Si logras mirarte sin máscaras, miedos o
prejuicios, y más bien buscar la sinceridad y transparencia, descubrirás que
también fuiste programado con exageradas expectativas de tus padres y que estás
en un camino lleno de sobresfuerzos para alcanzar unas metas que quizás ni
siquiera deseas para ti.
Los padres son el pasado y
los hijos el futuro, para amarlos auténticamente, primero ámate a ti mismo y
deja de esconder tus defectos de carácter, dejando de lado la dinámica de
condicionar el amor como un instrumento de premio o castigo. El padre
sabio concede a sus hijos el derecho a explorar y experimentar, para encontrar
el camino hacia su verdadera esencia. Si quieres ser amigo de tus hijos,
olvídate de las jerarquías, el corazón no necesita amenazas. La confianza nace
de mirarse a los ojos como iguales. No eres Dios y tampoco puedes ocupar ese
lugar, eso sería esclavizarlos emocionalmente.
Cada ser humano tiene su
propio niño interior herido, el cual debe reconciliarse con el adulto
responsable para perdonarse a sí mismo y a sus padres. Con este humilde acto
liberador, simultáneamente la sombra de la confusión y la mentira
desaparecerán, sintiendo plenitud, sosiego, paz y tranquilidad; inclusive
ocurrirá el milagro de amar sin condiciones, dejando de culpar a los demás y
superando su autolimitación.
La grandiosa misión con los hijos,
es la de enseñarles a creer en sí mismos, respetando sus pensamientos e ideas,
apoyando el camino que decidan recorrer, motivando sus cualidades y
reflexionando sobre sus defectos, honrando al maestro interior que tiene la
necesidad de trascendencia, sin hacerse daño ni haciendo daño para servir a los
demás con sus dones y talentos. Ser padres, significa ser espectadores del
maravilloso milagro del amor de Dios.
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