Enigmático: Las armas psíquicas de la CIA, la KGB y la MSS


Fotografía Armando Martí

Por: Armando Martí

Como sacado de una novela de ciencia ficción de Arthur Clarke o Dan Brown, recientemente el Departamento de Estado de EE.UU emitió una alerta a sus ciudadanos en China, tras el reporte de que uno de sus funcionarios diplomáticos fue diagnosticado con “daños cerebrales leves” como consecuencia de “sensaciones acústicas sutiles de ruido y presión”, que para el Secretario de Estado, Mike Pompeo, se asemejan a un “ataque sónico”, también conocido como un ataque psíquico.  

Pero ¿qué tan factible puede ser esta realidad en pleno siglo XXI? Es un hecho que después de la Segunda Guerra Mundial el panorama político se dividió en dos grandes bloques ideológicos: por un lado los Estados Unidos y por el otro la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), que estaban en una constante competencia y tensión militar por desarrollar armamento atómico, químico y viral cada vez más sofisticado. Entre estos, surgió la posibilidad de usar armas psíquicas para espiar y atacar al enemigo, especialmente aquellas de emisiones vibracionales o de energía radiónica (frecuencias de onda que determinan el equilibrio de la salud de los seres vivos).  

Estas investigaciones y experimentos han sido liderados por diferentes agencias de inteligencia como la CIA, el FBI, la KGB y la MSS. Uno de los casos más visibles, fue el del Proyecto Pandora dirigido por la CIA, cuyo objetivo era estudiar la respuesta cerebral a la radiación electromagnética ante el conflicto suscitado a finales de los años 50, en donde Charles Bohlen embajador de Estados Unidos en Rusia y su sucesor Llewelyn Thopson fueran víctimas de cáncer (linfoma), ya que, supuestamente los rusos habrían instalado una antena de microondas llamada Moscow Signal, para controlar el estado de ánimo del personal de la embajada. 

Luego en 1970, llamó la atención el caso de Nina Kulagina, quizás la psíquica rusa más analizada después del dosier protagonizado por Grigori Rasputín, quien en aquella época sorprendió al zar Nicolás II de Rusia y a la zarina Anna Vyrubova con sus poderes sanadores, tras curar a su hijo Alekséi Románov de una peligrosa hemorragia pues sufría de hemofilia. En el caso de Kulagina, sus facultades extraordinarias estaban relacionadas con poderes telequinésicos (desplazamiento de objetos mediante una acción mental a distancia sin intervención física) y demostró en un laboratorio en Leningrado, que era capaz de controlar el latido del corazón de una rana y en un momento determinado detenerlo por completo. Este particular don, pretendía ser utilizado por la KGB para influenciar en las acciones y comportamientos de los contradictores del régimen del gobierno. 

El ser humano es un organismo biológico y electromagnético, cuyas emociones, pensamientos e incluso pasiones, pueden ser cuantificadas a través de frecuencias, las cuales se alteran mediante determinadas señales de onda. Desde esta perspectiva, los instrumentos psicotrónicos utilizan ondas electromagnéticas que generan efectos psicosomáticos nocivos, pues actúan directamente en la actividad eléctrica del cerebro humano, convirtiéndolo en el nuevo “campo de batalla” de los servicios secretos de las naciones más grandes del mundo. Ya no es la Guerra Fría de las décadas pasadas, ahora las leyes del subespacio, los principios cuánticos y las frecuencias de onda, son los temas más ambicionados para el control del individuo. 

Existen diversas armas psicotrónicas, como el generador radiónico que por medio de emanaciones electromagnéticas en líneas telefónicas, televisores, radios y lámparas incandescentes, consiguen provocar fuertes mareos, vómito, diarrea, arritmias cardiacas, alergias, disfunciones físicas y dolores abdominales. Así mismo, los emisores de frecuencias binaurales adversos, están diseñados para estimular o paralizar el sistema nervioso central, aunque solo ha sido probado en insectos. Por otra parte, el conocido “efecto del cuadro 25” es una técnica en donde cada 25 exposiciones de un rollo de película proyectada en la pantalla, revela un mensaje que el subconsciente alcanza a captar, como ocurre con las grabaciones inversas que influyen en los deseos e impulsos de los consumidores. 

Actualmente, las fuerzas militares de Estados Unidos, Rusia, China y Alemania, emplean softwares derivados de la física cuántica como la electro-estimulación cerebral de pulso ultrasónico, para activar áreas específicas potencializando la concentración y reduciendo el nivel de dolor presentado por heridas en combate o la interconexión cerebro/máquina (Brain Computer Interface) por medio de la cual, el sujeto puede transferir información directamente desde la máquina a la mente y viceversa. También han diseñado un sistema conocido como el Active Denial System (ADS), que a través de ondas de 95 GHz provocan sensaciones de quemadura dérmica con un alcance de al menos 300 metros, generando además, posibles crisis epilépticas, estados depresivos, euforia irracional y desánimo, al igual que el dispositivo sónico Long Range AcousticDevice (LRAD) que producen un ruido ensordecedor de largo alcance, intolerable para el oído humano.

Por último, en los sistemas de comunicación y redes virtuales, se realizan maniobras para alterar la percepción y ganar dominio sobre la información del adversario con ayuda de la minería de datos, logrando modificar las tendencias del comportamiento y procesos decisorios a nivel preconsciente de los cibernautas. Así sucedió con la empresa británica Cambridge Analytica, que tuvo acceso en 2014 a datos recopilados por la popular red social Facebook, usándolos para construir un programa informático con el fin de predecir las decisiones de los usuarios e influir en ellos. Aparentemente a través de este mecanismo, se colaboró con el equipo de campaña del actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en las elecciones del 2016. 

A continuación, algunos posibles síntomas que puede experimentar una persona durante un ataque por emisiones de ondas binaurales negativas, las cuales se manifiestan súbitamente, desaparecen o siguen de modo constante, sin dejar rastro para la investigación de las autoridades: 

1. Sonidos agudos en las orejas como una especie de silbato, pueden ser débiles o incluso inaudibles.
2. Dolores en las articulaciones y músculos. 
3. Hinchazón súbita del cuerpo (más común en ataques de microondas o de ultrasonido).
4. Lentitud y cansancio mental.
5. Inhabituales obsesiones hacia o en contra de alguien, junto con cambios repentinos y bruscos de humor. 
6.  Pérdida de memoria, especialmente bloqueos mentales en relación a ciertos temas. 
7. Sensación de ahogo, sin estar resfriado o tener alguna otra enfermedad de tipo respiratorio. 
8. Pesadillas y sueños extraños, en donde se escucha una especie de voz como un lavado de cerebro. 
9. Irritación y ataques de nervios. Leves movimientos musculares o del nervio en diferentes partes de la cara. 
10. Problemas de coordinación. 
11. Modificación de las creencias, gustos, deseos, costumbres y valores.
12. Repentinas oleadas de energía: frío/calor o calor/frío, picazón y hormigueo en zonas del cuerpo.

Es importante y muy esperanzador señalar que los gobiernos, por medio de sus departamentos de investigación científica y tecnológica, han creado también sistemas operativos capaces de detectar estos ataques psíquicos, desviarlos e incluso contrarrestarlos, sin poner en riesgo a la población civil. De igual manera, se comprobó que el uso supervisado de frecuencias binaurales alrededor de los 432 Hz tiene beneficios para la salud física y mental de las personas, pues es matemáticamente consistente con los patrones del universo, sincronizando las propiedades de la luz, el tiempo, el espacio, la materia, la gravedad y el magnetismo, con el código del ADN y la consciencia, en otras palabras, se logra una conexión vibracional que sería la misma esencia del Creador. 

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