Enigmático: Bilocación, el don divino de los santos


Fotografía: Ilustraciones del artista francés Gustave Doré


Por: Armando Martí

Los santos católicos son una representación histórica de la lucha del hombre por alcanzar la divinidad, al cultivar pacientemente valores y virtudes, a pesar de las constantes tribulaciones del espíritu, demostrando que se puede alcanzar una perfección para inspirar a los seres humanos a tener valentía y confianza, ante los designios y la voluntad de Dios, fomentando una consciencia social de generosidad, entrega y sacrificio por el prójimo. Colombia es el séptimo país más católico del mundo, con una única santa declarada en el año 2013 por el Papa Francisco llamada Madre Laura Montoya y once beatos, que están a un paso de la canonización. 

Una de las características más asombrosas de los santos, es un fenómeno conocido como bilocación o desdoblamiento corporal, que significa “la acción” de estar al mismo tiempo en “dos” lugares distintos. A simple vista parece física e incluso metafísicamente imposible, pero ¿cómo es que ocurre este misterioso hecho religioso? Tras muchos estudios científicos, se llegó a la conclusión de que cada persona tiene un biocampo o campos toroidales alrededor del cuerpo humano, los cuales pueden expandirse hacia otras dimensiones hasta proyectar la imagen puramente en espíritu o en cuerpo. 

Al principio el individuo no es consciente del proceso, ya que, es un don otorgado por Dios. A diferencia de las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y las cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), los dones dados por Dios mediante el Espíritu Santo, son ejecutados por las facultades humanas físicas y mentales, bajo la disposición divina. Por eso, la bilocación es conocida como una experiencia mística, pues así como el alma humana no percibe directamente sus comportamientos naturales sino sólo por sus actos, los dones son hábitos infundidos por Dios que requieren de una gracia espiritual. Los santos que experimentan estos estados, son personas humildes con la capacidad de reaccionar, permitiendo de manera voluntaria y libre, ser instrumentos del Padre Celestial, para que este actúe a favor de su propósito glorioso. 

Existen dos tipos de bilocación: la consciente en donde el individuo es conocedor de lo que hace en los dos lugares, incluso está ligado a la videncia, pues pueden ver, escuchar y tocar por medio de sus sentidos, a Jesús, la Virgen María y otros seres del mundo sobrenatural; mientras que la bilocación subconsciente ocurre a un nivel más profundo, con el fin de propagar la fe y los milagros, como una especie de nebulosidad onírica que los conduce al despertar de la consciencia. 

Esta fenomenología, empezó a registrarse en ciertos ambientes de la clase alta en la Edad Media y se desarrolló por completo en el siglo XVI, en especial, durante el surgimiento del arte barroco, que condujo a la cristiandad a una especie de glorificación de muchas vivencias extraordinarias entre los místicos, pasando de una cultura de temor, superstición y dogmas, a una nueva visión de buscar el camino hacia Dios a través de la espiritualidad desligada de la estigmatización, en otras palabras, concebir al hombre más allá de lo material hacia planos trascendentales.

Uno de los casos más fascinantes, sucedió en la Segunda Guerra Mundial, cuando la religiosa agustina y mística francesa Yvonne – Aimée de Jesús, tuvo una bilocación en su cuerpo energético desde Maesroit (Francia) a Berlín (Alemania) y entró al despacho de Adolf Hitler sin ser vista por los guardias. Se dice que el Führer sorprendido, reaccionó desenfundando su arma y disparando todas las balas que tenía en el proveedor de su pistola Luger P08, las cuales atravesaron el cuerpo de la religiosa sin matarla, herirla o causarle daño alguno. Aterrado ante la presencia imperturbable de la religiosa, Hitler escuchó el mensaje de la religiosa por parte de Jesús, pero no creyó nada de lo que escuchó, pues su ego lo cegó de la verdad. La mística, antes de desaparecer, señaló con el dedo un punto en el mapa de los frentes de batalla que estaban sobre la mesa y le dijo: “Cuando llegue con sus tropas a este lugar, habrá empezado a perder la guerra”. Y misteriosamente así sucedió. Más adelante, el general De Gaulle, entonces presidente francés, la condecoró por su valiente acción e intervención divina. 

Desde la física cuántica se explica que la bilocación es el desdoblamiento del sujeto en dos realidades diferenciadas del cuerpo físico y energético, partiendo de que la materia y la energía son dos formas de la misma realidad. Durante la bilocación se hacen visibles los campos vibracionales, donde el Yo Consciente, es capaz de trasladarse, hablar y transmitir mensajes, pues los electrones, protones y neutrinos, tienen la propiedad ante un obstáculo de desaparecer y aparecer “materializados” en una ubicación específica (efecto túnel), en donde las partículas elementales pueden pasar de un lugar a otros sin ser vistas. 

A lo largo del tiempo se han dado diversos casos de bilocación en la vida de notables santos, este don como muchos otros, es un regalo divino y celestial, que la Iglesia Católica trata de explicar entendiendo que ante el misterio de la acción de Dios nada es imposible, y el propósito último es ayudar en momentos de confusión y necesidad a los creyentes. Hoy quiero presentarles los sucesos más destacados de bilocación investigados para este artículo: 

1. Sor María Jesús de Ágreda: Entre 1623 y 1629, aseguró haberse desdoblado al menos unas 500 veces entre su convento de Soria y Nuevo México. De este hecho, existen muchos testimonios recopilados por la Iglesia Católica, considerándola una de las místicas más importantes de la historia. 

2. San Francisco de Asís: De este santo se sabe, que llegó a estar en su convento italiano y simultáneamente predicando ante unos monjes en Arlés – Francia. Años después, muchos miembros de la comunidad experimentaron este don. 

3. San Martín de Porres: Vivió en Lima - Perú durante el Siglo XVII, siendo el primer santo negro de América. Se dice que era capaz de traer flores de Japón y China, para colocarlas en las iglesias peruanas. 

4. San Alfonso de Liborio: Nació a finales del Siglo XVII en Nápoles – Italia, su bilocación más célebre fue mientras estaba en estado de coma en su celda y fue visto atendiendo al papa Clemente XIV. 

5. San Juan Bosco: El fundador de los salesianos, tuvo una vida marcada por sus sueños premonitorios y protagonizó varias bilocaciones en el siglo XIX, siendo visto a la misma vez en Turín y Barcelona. 

6. San Pío de Pietrelcina: Sus bilocaciones se han convertido en las más célebres del siglo XX, especialmente en tiempos de crisis como las dos guerras mundiales. Por ejemplo, en noviembre de 1917, el ejército italiano sufrió una tremenda derrota y como consecuencia, el General Luis Cardona, Comandante General del Ejército, fue despedido. Esto le trajo una terrible agonía y decidió suicidarse. Sacó una pistola para dispararse, cuando se extendió por toda la carpa un agradable perfume y vio como apareció un religioso capuchino, quien le dijo firmemente: “Nada de matarse. Usted no debe cometer semejante locura. Guarde otra vez el arma.”El General se estremeció y milagrosamente cambio su estado de ánimo de una profunda depresión, a un sosiego y serenidad interior. 

7. Fray Antonio Galvão: Este franciscano vivió en el siglo XVIII en Brasil, entre sus méritos se encuentran varios casos de bilocación, el don de la profecía, la telepatía e incluso la levitación.  

8. Padre Tiburcio Arnaiz: Este jesuita vivió experiencias místicas de todo tipo a principios del siglo XX, además de diferentes bilocaciones que lo llevaron a la beatificación, pues contaba con el don de la sanación. 

Es fundamental recordar que Dios nos ama como sus criaturas, y nos anima a transitar por un camino de santidad, a través del despertar espiritual, que es el mejor tratamiento para todos los desequilibrios físicos y mentales, pues el amor y la aceptación son los principales remedios. Los santos con sus obras llenas de compasión, ecuanimidad y alegría, invitan a buscar espacios para cultivar la madurez interior y así liberarnos del ego insano, que produce sufrimiento y dolor. 


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